Alejo es un biólogo marino y Viviana su pareja. Enfrentan como muchos un dolor muy grande, no pueden lograr el embarazo. Son personajes de ficción, pero bien podrían ser nuestros hijos, amigos, hermanos o nosotros mismos.
En este caso, Paula Bombara, la autora de la novela Lo que guarda un caracol, nos muestra el lado masculino de las cosas. A lo largo de unas páginas podemos recorrer con Alejo este difícil y arduo camino. Tiene altibajos y períodos de grandes frustraciones y enojos, siente que no hay nada que él pueda hacer para revertir las cosas. ¿Qué puede hacer uno cuando el cuerpo no le responde? ¿Cómo consolar a la pareja?¿Qué le decimos a nuestra familia? Los miedos se entrecruzan formando un torbellino de sensaciones.
Nos dicen los médicos que en estos casos el estrés puede ser un factor determinante, pero ¿cómo frenar la ansiedad y los miedos? Quizás una forma sea encontrar apoyo en la pareja, fortalecer los vínculos y apoyarse mutuamente para salir adelante:
En este caso, Paula Bombara, la autora de la novela Lo que guarda un caracol, nos muestra el lado masculino de las cosas. A lo largo de unas páginas podemos recorrer con Alejo este difícil y arduo camino. Tiene altibajos y períodos de grandes frustraciones y enojos, siente que no hay nada que él pueda hacer para revertir las cosas. ¿Qué puede hacer uno cuando el cuerpo no le responde? ¿Cómo consolar a la pareja?¿Qué le decimos a nuestra familia? Los miedos se entrecruzan formando un torbellino de sensaciones.
Nos dicen los médicos que en estos casos el estrés puede ser un factor determinante, pero ¿cómo frenar la ansiedad y los miedos? Quizás una forma sea encontrar apoyo en la pareja, fortalecer los vínculos y apoyarse mutuamente para salir adelante:
Los médicos lo tenían harto, podrido de verdad. Mientras manejaba hacia Ciudad Universitaria, Alejo pensó que no quería volver a verlos nunca más. Lo pensó y en el instante siguiente se dijo que eso no sería posible: habían programado más estudios y una cita para tres semanas después. [...]
Alejo estaba profundamente enamorado de su mujer. Estaban juntos hacía cinco años y hacía dos que intentaban tener un hijo. ¿Por qué se les complicaba tanto lograrlo?, ¿por qué las putas células no se juntaban de una vez? Hacía meses que en el pecho se le venía formando un huracán. La presión por momentos era insoportable; las miradas de sus padres y las de sus suegros; la lástima disfrazada de palabras: "ya va a llegar, no te preocupes". Si hasta los embarazos de los amigos habían comenzado a molestarle. Ni hablar del llanto de Viviana todos los meses y de la amargura de no saber qué hacer [...]
Lo embargó una sensación de felicidad cuando escuchó que Vivi giraba sus llaves. Se levantó del sillón y fue a saludarla a la puerta. Ella merecía una conversación, quería escucharla, quería sumergirse en su voz y recorrerla con los ojos y con las manos. Ella era la única persona en el mundo a la que le deseaba mayor felicidad que a sí mismo. Y él no le estaba dando todo lo que merecía [...] La abrazó apenas vio sus ojos sorprendidos. Ella preguntó si estaba todo okey y él no pudo evitar que la voz se le quebrara.
De lo profundo de sí salió una frase. Se escuchó diciendo que tenía miedo de perderla. ¿Y de dónde venía ese miedo que solo ahora se daba cuenta de que tenía? Todo el día había estado ahí, agazapado, tomando la forma de un nudo en el estómago. Alejo se escuchó diciendo que tenía miedo de ser estéril y de que ella lo dejara.
"Pero, Alejo, mi amor, ¿qué tomaste?, ¿estás loco? ¡Si yo con vos me iría a vivir a la luna! Ni por un momento pensé nunca en dejarte. Mírame bien: ni por un momento".
Ahí, con ella, abrazándola, él podía ser él y nada más que él. Dentro de ese hogar que formaban ningún disfraz era necesario. No necesitaba ser el mejor al lado de ella. Hasta podía ser un fallado y ella estaría ahí. Eso... Que lo amara tal y como era... Eso era tanto...
- Paula Bombara, Lo que guarda un caracol, Loqueleo, 2016
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